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¿Sirve de algo "gastar tanta saliva" hablándole a mi hijo/a?

¿Va a producir algún cambio en él o ella escuchar el mismo reclamo todos los días?

¿Cómo puedo obtener la influencia que siento estoy perdiendo en su vida?

Primero, la palabra es una forma de educar. La palabra es muy poderosa en la vida de nuestros hijos cuando va acompañada del ejemplo, pero palabras sin ejemplo produce enojo y frustración en sus vidas. Así que podemos concluir que sirve "gastar saliva" hablándole a nuestros hijos siempre y cuando lo que les estemos diciendo como padres, lo estemos viviendo.

Segundo, la educación viene por la repetición. No aprendemos un hábito sólo porque nos dicen una sola vez. Repetir a nuestros hijos cuales conductas son correctas y aceptables y cuáles no lo son, sirve, pero nuevamente el "factor ejemplo" es muy importante. No debemos aplicar con ellos "haz lo que yo digo y no lo que yo hago"

Tercero, algunas investigaciones de Willits y Crider (1989) sugieren que tratar de transmitir los valores morales de los padres a los hijos sólo hablando no es suficiente. Es INDISPENSABLE una relación con ellos. Nuestros "plagueos" nunca serán útiles si es que no estamos dedicando tiempo a sus vidas (salir juntos, conversar de los temas que les interesa, planear y realizar actividades juntos) Los padres deben trabajar en establecer lazos de unidad con sus hijos para que sus palabras tengan influencia en sus vidas.

"Padres, no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor"

Efesios 6:4

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