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De acuerdo a lo que nos dice el Apóstol Pablo, el hombre "debe amar a su esposa como a sí mismo", esto lo dice como un principio que debe ser practicado para que el matrimonio funcione bien. Cuando el esposo entiende que vive para su esposa, y no para sí mismo, es cuando comienzan a verse los milagros en la relación.

Lastimosamente estamos en una cultura que ha deformado el significado del amor. Hoy "amar" ya no es buscar la satisfacción del otro, sino que por el contrario, el amor es buscar mi propia satisfacción.

El problema natural del hombre es el egoismo. Por lo tanto el hombre que viene de su trabajo, cree que tiene el "derecho de no hacer nada y sólo descansar" porque tuvo un día "pesado de trabajo"; en cambio la mujer que viene de su trabajo "no tiene el derecho de no hacer nada", porque "ella es la ama de casa"; y debe hacer la cena, cuidar a los niños, etc. ¿Cómo sería el matrimonio donde el esposo renunciara a ese "derecho" y buscara el descanso de su esposa, sin esperar nada a cambio?

La respuesta está al alcanse de cada esposo que se disponga a renunciar a sus derechos y decida apoyar más a su esposa en todas sus labores. Es cierto que hay esposos que hacen esto, hoy se les anima a seguir en ese camino y aquellos que no lo están haciendo, es un llamado a servir por amor a quien comparte su vida al lado tuyo.

Seguir este consejo puede traer alivio a las relaciones tensas. Esposos, perseveremos en hacer el bien a nuestras esposas, esto agrada al Señor.

Fuente: El poder del amor. Guillermo y Milagros Aguayo.

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